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Marcas con historia: Michelin

10 Noviembre 2008 No Comment

Año de fundación: 1889
Fundadores: Edouard y Michelin

1889: Se crea la sociedad Michelin y Cia. en Clermont-Ferrand, con Edouard Michelin como primer gerente, secundado por su hermano André.

1891: La patente del neumático desmontable marca el inicio de la era industrial del neumático y el primer éxito de Edouard Michelin, que logra la hazaña de depositar la patente ¡un mes después de haber visto su primer neumático! Un año más tarde, más de 10.000 ciclistas ruedan con neumáticos Michelin.

1894: Primer neumático para coche de caballos, apreciado por los parisinos por su silencio y confort, comparado con la rueda tradicional, con un aro metálico.

1913: Michelin y Cia. inicia actividades en la Argentina como importador.

1923: Inicia una gran marcha publicitaria en el centro de Buenos Aires.

1930: Comienza la construcción de su fábrica en la localidad de Bella Vista, la que comienza a producir neumáticos 4 años más tarde. Esta fábrica cierra en el año 1955.

1949: Michelin patenta la carcasa radial para neumáticos, una ventaja decisiva frente a sus competidores en los 30 años siguientes.

1955–2000: La presencia administrativa y la comercialización de productos continúa hasta la actualidad, con una agencia afianzada en el país, y con más de 90 años de presencia en Argentina.

2003: La agencia de Michelin en Argentina se encuentra emplazada en Villa Devoto, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, desde donde se realizan todas las tareas que permiten satisfacer a nivel nacional los requerimientos de los usuarios.

El desmontable de Michelin

Una tarde de primavera de 1889, un ciclista montado en una carreta de bueyes entra en el patio de la fábrica.

Acude a pedir ayuda a los Michelin, pues uno de los neumáticos de su bicicleta está pinchado. Los tubos de goma de su bicicleta, de fabricación reciente, son de la marca Dunlop (el año anterior esta firma había patentado un tubo de cau­cho inflado con aire y protegido por una tela). Imaginado por el escocés John Boyd Dunlop, el neumático proporciona una comodidad inédita en comparación con las cubiertas macizas que llevan el apropiado nombre de sacudidoras de huesos, y que, a la menor imperfección de la carretera -en pésimo estado en esa época-, hacen que el ciclista sufra violentos saltos sobre su sillín. Pero el neumático Dunlop presenta el gran in­conveniente de no ser desmontable, ya que está sólidamente pegado a la llanta de madera. Para reparar un pinchazo no sólo hace falta disponer de herramientas adecuadas, sino también de una gran habilidad manual, además de una pa­ciencia infinita para descifrar las sesenta páginas del manual de reparaciones.

Los operarios de Michelin hacen lo posi­ble por ayudar al desafortunado veloci­pedista. La intervención dura tres horas, pero después hay que esperar toda la noche para que se seque. Al día si­guiente, llevado por la curiosidad de pro­bar esta novedosa máquina, Edouard se toma la libertad de dar una vuelta en ella por Clermont-Ferrand.

Desgraciadamente, la tentativa sale mal: la reparación no resiste los cien metros y Edouard regresa a pie y contrariado. La historia no cuenta cuándo pudo conti­nuar el ciclista, pero se sabe que a raíz de su intrusión en el patio de la fábrica se debe seguramente el vivo interés de Edouard Michelin por el desarrollo y per­feccionamiento del neumático. Desde entonces va a tratar de encontrar un sis­tema que permita reemplazar en un cuarto de hora una cámara de aire pin­chada, utilizando solamente los medios mecánicos, y sin que se requiera la inter­vención de un especialista. En resumen, un neumático desmontable que pueda ser reemplazado por cualquier persona.

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